Leyendas del lago BaikalSegún la leyenda existente, la gente en las regiones Siberianas aparicieron en los tiempos remotos. Las tierras les gustaron en seguida- bosques infinitos, estepas vastas. Era sólo único problema – no había ni una gotita de agua en aquella tierra. Una vez se encontraron en su camino con un anciano que les aconsejó "no buscar la felicidad en la felicidad". Los hombres no le escucharon y siguieron buscando más adelante. Hacían vueltos, se pusieron nerviosos y cansados, pero encontraron el lugar donde todo estaría reservado por la naturaleza. Una vez más los hombres tropezaron con aquel vagabundo. Se pusieron a gritarle al pobre anciano. Entonces este se ascensó al monte, sacó desde su pecho el corazón y lo tiró en el valle. El corazón quemó la tierra y desde la hoya formada de repente brotó el agua pura y fría. El agua resultó ser mágica: el que lo bebe, nunca olvidará este lugar llamado Baikal. Y hasta ahora cuando los bloques de hielo a la orilla del lago se envuelven en la llama de la puesta del sol, parece que son las astillas del corazón de aquel mismo anciano.... Rico Baikal En los tiempos antiguos poderoso Baikal era alegre y bondadoso. Le crecía una hija muy guapa que se llamaba Angará. Le amaba y cuidaba mucho. No existía tan chicas guapas más en el mundo. Por la mañana está más clara que el cielo, y por la noche – más oscura que la nube. Todos la admiraban y glorificaban a Angará. Siquiera las aves migratorias flotando por encima de ella se bajaban muy cerca del agua, pero no se sentaron a la superficie del agua. Pero el viejo Baikal no sospechaba que el corazón de su hija pertenecía ya mucho tiempo a un joven llamado Enisey. Siempre cubierto con la nieve, empieza a verter sus aguas muy alto en los Sayanes Orientales. Buerta y bulle perforándole el camino entre las rocas grandes, después se derrama por la estepa vasta y desemboca al mar que es el más frío del mundo. Una vez por la noche cuando el padre estaba dormiendo, Angará recogió todas sus aguas y se puso a correr a su novio. Baikal se despertó y chapoteó furiosamente con sus olas. Empezó la tempestad feroz, los montes se pusieron a sollozar, el cielo se hizo negro, los animales asustados se fugieron en todas las partes del mundo, los pájaros se alejaron volando y los peces se dirigieron más al fondo del lago. No podía Baikal poderoso dejarle irse a Angará, su hija única y muy querrida. Dió un golpe por el monte canoso, le quebró la roca grande y la tiró detrás de su hija fugitiva. La roca cayó directamente en la garganta de la bella. Entonces Angará se puso a suplicar a su padre que la perdonara, le rogaba darle una gotita de agua. Pero el furioso y poderoso Baikal le contestó que sólo podía darla sus lágrimas... Ya muchos años camina Angará hacia Enisey como la lágrima, y el canoso y solitario Baikal se hizo ceñudo y horroroso. La roca que fue tirada detrás de la fugitiva llamaron la piedra de Chamán. La gente creen que el Baikal da el refugio a todos los espíritus – buenos y malos, les controla y eso es porqué se considera ´´sagrado´´. La gente hacían sacrificios en el Baikal temiendo que se hará furioso, quebrará la roca y el agua empezó a brotar y inundó toda la tierra. Sin embargo, todo eso sucedió hace mucho, y la gente ahora se hicieron valientes y no temen más al Baikal... Barril de omul Esta historia ocurrió hace mucho. Aquel entonces los rusos ya estaban ocupados en pesca de omul en el Baikal y eran siquiera mejores que los indígenas – los Buriatos y Evenkos. El primer entre todos los pescadores era el abuelo Saveliy. Sabía perfectamente encontrar el lugar más conveniente para la pesca. Su lugar más favorito de Saveliy era el golfo de Barguzín. Entre los pescadores era un jóven estudioso llamado Garañka. Quería saber todo sobre el mar sagrado Baikal. Así le preguntó al abuelo Saveliy si era verdad que los vientos locales tenían el poder sobre los peces. Saveliy le contó la leyenda sobre el barril de omul. La historia sucedió hace mucho y no se sabe como se hizo conocida al mundo. Aquel entonces los dueños del mar lleno de pez eran los vientos-gigantes – Kultuk y Barguzín. Eran los mejores amigos. Les encantaba mucho visitar uno a otro y entretenerse juntos. Su juego favorito era el barril de omul. A la vista era bastante simple, pero poseía un poder increíble. Adonde navegaba navegaban los bancos de peces como si pidieran ser captadas por ella. Así tiraban Kultuk y Barguzín el barril y veían quién había reunido más peces. Se divertían así no porque les faltaban los peces, sino porque les encantaba pasar tiempo tan alegremente como era posible. Pero su alegría y amistad terminaron nada más se enamoraron de una bella de montes llamada Sarmá. Su carácter era más vigoroso que el de Barguzín y Kultuk. Sobre todo, tenía más fuerza y poder. Muchos hombres soñaban con tener tal mujer poderoso. A Sarma le gustaron ambos jóvenes, y para hacer la opción les dió una tarea. El que primero trajera el barril de omul, sería su marido. A primera vista, el deseo de la novia pareció no difícil a los hombres: apoderarse del barril y echarlo al Mar Pequeño (Maloye More). Sin embargo, en la barahunda que habían levantado los vientos-gigantes era difícil fijar quién sería el más fuerte. No bien Kultuk se agarraba el barril, Barguzín en seguida lo quitaba. Luchaban así que les oían en todo el Baikal. Kultuk y Barguzín estaban ocupados tanto por su batalla que no tuvieron caso que el barril desapareció. Lo buscaban en todas partes del Baikal, pero todo era en vano. Ni dentro de un día, ni dentro de un mes el barril no apareció. Sarmá no se casó con ninguno de ellos. Sólo se rió que no eran hombres verdaderos si no habían logrado mantener el barril en sus manos. Desde aquel entonces el lago no poseía por la abundancia de peces. Y dónde ahora está el barril de omul no se sabe. Terminó su narración el abuelo Saveliy y tomó aliento. A partir de aquel momento el barril de omul maravilloso que estaba guardado por el Baikal se grabó profundamente en la mente de Garañka. Soñaba con encontrar aquel barril y aplicarlo en la pesca. Pasó mucho tiempo antes del momento cuando los pescadores volvieron al golfo de Barguzín. La pesca era mala. Los peces no habían mucho. Entonces se marcharon al Mar Pequeño. Construyeron la choza de la corteza de abedul en la orilla del lago. Elegieron el lugar muy lindo. Alrededor de aquel lugar se hallaban las montañas y la taiga verde. Pero de repente sopló el viento, oscureció, el mar se encrespó, las piedras empezaron a caer desde las rocas y los árboles seculares se pusieron a crepitar. Se descadenó Sarmá. Cuando encima del Mar Pequeño volvió a luzir el sol, los pescadores salieron de su albergue y vieron que cerca de ellos en la orilla se encuentra algún barril. El mismo pensamiento apareció en la mente de cada uno: ¿qué si esto es el barril de omul? En seguida llegaron volando las gaviotas y mergos, se pusieron a sacar los peces desde el agua. Así al comprender que la pesca sería buena empezaron a echar la red. Pero los peces eran tan mucho que los pescaderos no lograban sacar la red desde el agua. Cada vez tenían que cortarla. Los pescadores desolados no sabían qué hacer. No querían volverse con las manos vacías. Entonces el abuelo Saveliy ofreció echar el barril al mar. Al pensar todos juntos los pescadores decidieron que sería mejor captar pocos peces, pero por lo menos captar algo y poder sacar la red. Garañka se desanimó mucho al ver como las olas cogieron el barril y lo llevaron a lo lejos. De repente el cielo se veló con nubes, todo alrededor comenzó a zumbar y se levantaron las olas altas. Se puso a soplar Barguzín. Fijó Garañka que en las manos de Barguzín apareció aquel barril de omul maravilloso. Pero sin pestañear el barril fue tirado muy lejos de la costa. En seguida el mar se calmó, las nubes se desvanecieron, el sol volvió a lucir como antes. Barguzín desapareció sin dejar las huellas. El abuelo Saveliy se sonrió y dijo: “He aquí el juego maravilloso. Seguramente ahora Kultuk va a responder!”. Apenas lo dijo como las olas volvieron a aparecer en el lago. Garañka estaba un poco asustado aunque esperaba la aparición de Kultuk. Y cuando vió en las manos de Kultuk el barril de omul pensó en seguida: “Ahora va a suceder algo!” Pero no ocurrió nada. Kultuk desapareció, el cielo se hizo claro y todo se alumbró con los rayos de sol. El abuelo Saveliy se alegró de que Barguzín y Kultuk se olvidaron de su riña y el barril de omul volvió a ser el juego de los vientos-gigantes. Y en cuanto a Sarmá, le bastaban los peces en el Mar Pequeño siquiera sin el barril. Al mediodía llevó Saveliy a sus pescadores al mar. Echaron la red, volvieron a la orilla, se pusieron a sacarla y vieron que la gran cantidad de peces en ella. Todos los pescadores se animaron y se hicieron felices en seguida. Tuvo su corazón aliviado y el abuelo Saveliy. Entonces dijo a Garañka: “Vas a reprocharme más con el barril de omul?””No, nunca!”-respondió con alegría Garañka.- Tu sabiduría es más mágica!” Gente eterna y agua viva En los tiempos remotos a lo largo del borde de nuestra tierra andaba un hombre. Una vez vió un lago grande tras el cual no había pasado ni un animal y no había volado ni un pájaro. El hombre quiso mucho saber qué tierra estaba allí tras el pantano. Dió el corre y saltó a través del pantano. Allí vió los liebres ensillados. En seguida desde la tierra aparecieron los pequeños hombres eternos que jinetean a estos liebres. Le contaron al hombre que en su tierra había llegado a vivir un animal cornívoro – cebellina que cortó con los dientes a uno de los hombres eternos. Le pidieron al hombre raptar y matar el animal horrible. El hombre se marchó a caza y pronto mató la cebellina. La gente eterna se alegraron y en signo de agradecimiento le prometieron a llevarle el agua viva. El cazador volvió a su tierra y contó a sus parientes que pronto les visitarían los hombres eternos con el agua viva que les convertiría en la gente eterna. La gente empezó a esperar a los visitantes futuros. Las mujeres partieron la leña para el fuego Pronto vieron a los pequeños hombres eternos que estaban jineteando a los liebres. Esto les hizo reirse mucho. La gente eterna se ofendieron y decidieron no regalarles su agua mágica. Lo brotaron a los árboles – cedros, abetos y pinos y regresaron a sus tierras tras el pantano. A partir de entonces gracias al agua viva cedro, pino y abeto están verdes todo el año etero. © Este texto es la propiedad intelectual de SRL BaikalNature.
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